Bailando en la Oscuridad

La danza independiente en México, Parte 3

El “Boom” de los años 80

A principios de la década de 1980, se empezó a formar esta ola de movimiento dancístico contemporáneo, la cual ha permitido aprender las formas y los contenidos de la construcción colectiva de la realidad social de cada lugar que toma como escenario.

Como señaló John Blacking, uno de los pioneros de la etnomusicología, en su modelo teórico, “…Para poder averiguar qué es la música y qué tan musical es el hombre, necesitamos preguntar quién escuchar, quién toca y canta en  una sociedad dada y preguntarnos por qué”. En analogía con el tema a tratar; la danza independiente,  tenemos que preguntarnos y saber quién observa, quién baila en nuestra sociedad, por qué y para qué.

En esa década, la danza mexicana gozó y sufrió el milagro de la multiplicación del hambre; no existía el FONCA, había que rascarle por todos lados. Los grupos independientes se engendraron desafiando los mecanismos más eficaces de la anticoncepción: a) Inexistencia de una escuela de coreógrafos; b) subsidios esporádicos para la creación; c) falta de espacios para ensayar; d) un sistema de difusión deficiente aunado con la proliferación de malas obras y raquitismo en la asistencia del público. Los independientes fueron severamente criticados porque se les veía mucho corazón, pero muy poca técnica para asumir con rigor el arte de la danza.

De este movimiento surgieron grupos como Barro Rojo, formado por Arturo Garrido; Contempodanza, por Cecilia Lugo; U.X. Onodanza de Raúl Parrao; Utopía de Marco Antonio Silva; 30-30 de Sonia Pabello, etc.

Danza, un instrumento de poder

La esencia del ser humano siempre se ha expresado a través del canto y la danza. Y la eterna búsqueda de algo nuevo siempre marca una capacidad de creación, y por tanto nos coloca en los caminos de la expresión artística que tanto hombres como mujeres requieren para comunicarse, para reconocerse, para hacerse ver y sentir.

El artista cuenta con una responsabilidad social a disposición de lo que quiera transmitir y al respecto, Aline del Castillo Pérez, directora y maestra de Khamsa, espacio formativo en las artes escénicas, explica: “A lo mejor no la entenderán (a la danza), pero lo relacionaran con algo. A cada quien le va caer el veinte, eso a mí sí me queda muy claro. Es un lenguaje y sí, es subjetivo, cada quien le dará  una interpretación diferente y le moverá un hilo diferente. Pero, para que eso suceda tú tienes que entender que es lo que quieres decir”.

Las formas de acceso al poder entre coreógrafos y bailarines, están marcados casi de manera inevitable por la relación que desde sus inicios ha tenido la danza contemporánea en México con el Estado, en especial el emanado de la Revolución Mexicana.

Además, la proliferación de los grupos independientes en México se debe al hecho de que la danza independiente (y de otros tipos, a excepción del ballet y la folclórica), considerándola como lenguaje y practica social, como proceso y aparato de comunicación, se haya convertido en una expresión cultural y artística, mundialmente en boga de las clases sociales bajas y medias y la cual pone en marcha todo un conjunto de relaciones multiformes: económicas, políticas y sociales, como un reflejo del contexto sociocultural gestado en México desde los años 60 y afianzado en los 80, caracterizado por la masificación y democratización de ciertas expresiones culturales, que antes sólo gozaban las clases acomodadas de las sociedades urbanas, a través del acceso que las capas medias tuvieron a la educación y a los medios de comunicación.

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La danza independiente, Parte 2

Danza y política: Un proyecto de nación

José Vasconcelos a raíz de ocupar, en 1921, la dirección de la recién creada Secretaría de Educación Pública, contribuyó a un proyecto de cultura, el cual se fincaba en la idea de conjuntar el gran arte universal que los intelectuales de la época absorbieron, viendo ballet y danza en Europa, y conjuntándolo con el espíritu nacional.

Al principio se impulsaban espectáculos masivos con cientos de bailarines que interpretaban en estadios versiones diversas de la danza nacional, generalmente folklórica. Todavía durante los años 30, las hermanas Nellie y Gloria Campobello, ligadas a otros artistas revolucionarios de la época, apoyaron a la realización de los llamados ballets de masas con temas revolucionarios.

Las hermanas Campobello aunque contaban con formación de ballet, ya habían aportado al modelo de Vasconcelos una idea clara de los que conformaría la danza contemporánea mexicana, es decir, expresión basada en una combinación de temas nacionales y técnicas importadas de la técnica clásica.

Para Vasconcelos, en nacionalismo era “Espíritu apoderándose y trasfigurando una colectividad”. Trasfigurar la colectividad remitía también a una nueva concepción del cuerpo y de la danza, en la cual la revolución, a lado de los griegos, llegaría a formar y transformar al país.

“La danza clásica había generado en lo académico sus “poses” antinaturales, sus giros artificiales, deformaban el cuerpo de la mujer y separaban los movimientos del cuerpo de los del alma.” Isadora Duncan.

En esos momentos cuando la revolución mexicana aún les causaba cierto recelo a la nación, hubo una gran colaboración entre las Campobello y dos maestras norteamericanas que definieron mucho de la danza contemporánea en México, Anna Sokolow y Waldeen, además de músicos, pintores e intelectuales que colaboraron con la naciente danza moderna, en momentos en los que manifestaciones artísticas eran sobre temas relacionados con las luchas sociales y las reivindicaciones nacionales.

Con estos apoyos por parte de la elite artística y el interés de funcionarios del Estado, los fundadores de la danza aprovecharon para justificar más proyectos respecto a lo que debía ser la danza mexicana.

Durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho y cuando la danza se empezó a profesionalizar y empezó a ser olvidada por los intelectuales, las instituciones la empezaron a ver la danza como un arte menor. Sin embargo, ésta retoma fuerza y surge una “Época de Oro” cuando Miguel Covarrubias, impulsor de la danza moderna, es nombrado Director de Danza del INBA. Se traen maestros extranjeros y hay más apoyos para la realización de coreografías, cuyos temas insisten en el nacionalismo.

La realidad es que los proyectos culturales son  una montaña rusa en la cual su importancia aumenta o disminuye según el gobierno en turno. “Hay épocas mejores que otras dependiendo los funcionarios… no hay una directriz a nivel político que diga “esto va para allá” independientemente de la persona que se encuentre al frente, lo que es una pena porque debería de funcionar con cualquiera. Esto es una gran deficiencia que tiene nuestro país a nivel de cultura, porque a mí me consta”, afirma Cecilia Lugo.

Bailando en la Oscuridad

La danza independiente en México, Parte 1

En sus inicios, el arte, entendido como un modo de expresión y reproducción de un conocimiento capaz de comunicar, deleitar y emocionar, era considerado una de las máximas representaciones del ser humano. Su función se dirige a la sensibilización, concientización y materialización de sentimientos, incluso a la protesta y agresión. De manera singular, sutil e indirecta surge como necesidad, como intento de realización y organización: un verdadero sistema de comunicación colectiva.

Y en la danza… ¿qué es ser independiente? Podemos remontarnos a nombres como el de Guillermina Bravo, quien formó el primer grupo independiente en 1948, en México, o Xavier Francis, que en 1954 creo un segundo grupo independiente, y ambos personajes son referencias indispensables para hablar de los primeros rayos que se vislumbraban de un nuevo concepto de danza, ahora moderna.

Pero, no fue sino, hasta la década de los 80 en México, y con el Movimiento de Danza Contemporánea Independiente, cuando toda esta ideología estuvo a su máxima expresión y se catalogó a este nuevo brote de propuestas artísticas como “danza independiente”, es decir, generada fuera del presupuesto institucional. Y surge como todo en el arte, como una necesidad de expresarse.

Este movimiento simboliza en la historiografía de la danza escénica mexicana, la etapa en que, por fin, la tendencia contemporánea, impulsada desde los años sesenta por coreógrafos como los ya mencionados, además de otros como Raúl Flores Canelo a través del Ballet Independiente y Bodil Genkel en el Nuevo Teatro de la Danza, se asentó en México como la manifestación dancística más prolífica y mejor instituida, en comparación al ballet clásico y la danza folklórica.

Paradójicamente, sería muy difícil asegurar que han sido independientes en su totalidad. Hay que entender que hay una dependencia continua entre la Danza y el Estado, y que el término de “independiente” ha surgido como una acepción interna en el gremio dancístico y que sólo hace referencia a lo creativo, formativo y de organización en un grupo, y no precisamente a lo económico, es decir, las organizaciones que actualmente existen para apoyar el arte, no son ciertamente subsidios o para dependencia total de compañías por los organismos como: Danza Mexicana A.C. (DAMAC), la cual surgió en 1985 como asociación representativa de esta danza independiente en México, o incluso una de las organizaciones más conocidas en nuestro país, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), cuyas “becas” que otorga por convocatoria se instauran como un estímulo a la creación y a la ejecución de la danza, y por supuesto que todo el gremio se lanza sobre ellas, pero aun así no es suficiente, por tal motivo la “autogestión” es indispensable tarde o temprano.

Cecilia Lugo, fundadora de Contempodanza, compañía independiente de danza contemporánea, asegura: “En el mundo no creo que haya una compañía 100% autosustentable. Las compañías a nivel mundial tiene otro tipo de soportes a nivel político y cultural, que tienen que ver con un proyecto de nación, de crecimiento cultural, es un pensamiento macro que viene desde arriba, del Estado…”.

En acuerdo con lo anterior, también Margarita Tortajada, investigadora del Centro Nacional de Investigación Documentación e Información de la Danza (CENIDID) “José Limón”, comenta: “Realmente independientes son los muy jóvenes, pero en términos generales, lo que se dice ‘independencia’, la danza contemporánea nunca lo ha sido. No hay una autonomía absoluta en términos de que voy a vivir exclusivamente de la danza o que mi danza es una mercancía y la voy a vender, no. El apoyo es total  y fundamental.”

 

WORLD BATTLES MÉXICO 2016

La Ciudad de México pule el escenario para presentar el 10° Campeonato Nacional de Hip Hop Dance México 2016 el próximo 24 de abril, el cual reunirá a más de 100 grupos de bailarines que competirán para obtener el título de campeón nacional y con ello, la oportunidad de representar a México en el Campeonato Mundial de Hip Hop en las Vegas, Nevada.  

Este evento no sólo es el más grande e importante de México, sino que es uno de los principales campeonatos nacionales realizados a nivel mundial, por su aforo y número de grupos participantes, cuyas categorías se dividen en Adultos, Junior, Varsity y Megacrew.

Como cada año, se pretende promover la demostración de coreografías innovadoras que expongan una gran variedad de auténticos estilo urbanos como lo son el Hip Hop Dance, Locking, Popping, Break Dance, Vogueing, House Dance, Club Dances, Krumping, Stepping, incluso Danzas Tradicionales y Folclore, acompañadas de buena música, actitud y dominio del escenario.

Además, cuenta con el respaldo de Hip Hop International (HHI), fundado en 2002 por Howard Schwartz y Karen Schwartz, y cuya Dirección de su filial en nuestro país, Hip Hop International México (HHI México), ha sido asumida por Karla García Vilchis, “quien dará una nueva y renovada vida al proyecto”, comenta su antecesor Luis Treviño Mirabent.

HHI México se estableció como pionero de un movimiento urbano hasta llegar a ser el principal referente del Hip Hop Dance en nuestro país. Desde hace 10 años su labor es el reconocimiento y apoyo al talento mexicano, y año con año se han sumado espacios y colaboraciones que incrementan las oportunidades para generaciones dancísticas más preparadas y entusiastas.

Este año la sede será el “SALÓN BEX” dentro de Plaza Exhibimex, ubicada en Calle 10 #132, San Pedro de los Pinos.